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Elemental, querido Watson

Sir Arthur Conan Doyle

“Elemental, querido Watson”. ¿Quién no reconoce estas tres simples palabras? Posiblemente sir Arthur Conan Doyle no esperaba que fueran a ser tan trascendentes en el primer momento que las escribió.

Pero, fijaos en la foto de la derecha y pensad. ¿Acaso el creador del famoso Sherlock Holmes no parece él también un detective? Esa mirada ausente, como si estuviera usando sus células grises, tal y como diría otro viejo amigo, Hércules Poirot; esa pipa meditabunda… Ese gesto sólo puede trasladarnos a la ya mítica calle de Baker Street, lugar de residencia de Holmes y de su buen amigo y cronista de sus aventuras, John Watson.

Estatua de Sherlock Holmes en Londres

La influencia de este gran personaje de la literatura inglesa creado en el año 1887, no ha dejado indiferente ni siquiera a los grandes escritores del género. Si estudiamos a Sherlock, quien destaca por su inteligencia, su hábil uso de la observación y el razonamiento deductivo para resolver casos difíciles, no podemos dejar de pensar en ya en otro gran detective de la literatura como es Hércules Poirot, creado por la excepcionalmente famosa Agatha Christie. Incluso podemos encontrar retazos de Holmes en otros personajes como el comisario Maigret. No cabe duda de que su influencia escapa de cualquier límite. Hasta en Londres hay un recuerdo permanente del detective en forma de estatua.

Por ello, no existe ninguna duda de que cualquier amante del género detectivesco tiene una cita obligada con el personaje de Doyle. Protagonista de una serie de cuatro novelas y cincuenta y seis relatos de ficción, su lectura debería ser considerada como algo obligatorio.

Una de las mejores formas de iniciarse en ella sería quizá hacerse con un pequeño compendio de sus relatos cortos, fáciles de leer y sumamente entretenidos, que dejarán en más de una ocasión al lector con la boca abierta tras descubrirse la resolución del problema, tan elemental que sólo el propio Sherlock Holmes es capaz de dar con ella.

Las aventuras de Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle

Un buen ejemplo podría ser la novela publicada por la editorial Cátedra Base, bajo el título de Las aventuras de Sherlock Holmes. Esta obra comprende un total de cuatro aventuras del detective londinense, tales como La banda de lunares, Escándalo en Bohemia, La aventura de los monigotes y La aventura de la melena de león.

Con una introducción de 19 páginas donde se nos introduce en el mundo “sherlockiano” y con una serie de ejercicios posteriores a la lectura que ayudarán al lector a profundizar más en ella, esta obra es también ideal para jóvenes y estudiantes, ya que cuenta con un glosario a pie de página donde se informa del significa de algunas palabras curiosas que aparecen en el texto, y así mismo muestra algunos datos curiosos sobre personajes y épocas que el lector no tendría por qué conocer.

El efecto Läckberg

La superventas sueca Camilla Läckberg

Todo comenzó con el que fue uno de los grandes booms literarios de principios de siglo: la trilogía Millenium, de Stieg Larsson. Con casi tres millones de ejemplares vendidos en España, dejó el camino preparado para lo que sería la nueva revelación de la literatura contemporánea: la novela negra sueca. A pesar del enorme mérito que se le atribuye, Larsson no pudo disfrutar de su gran éxito, ya que murió poco después de publicar el tercer y último tomo. El camino quedó así completamente libre para una joven que venía pisando fuerte y no desaprovechó su momento: Camilla Läckberg.

Läckberg nació en 1974 en Fjällbacka, en la costa oeste de Suecia, y es precisamente en su pueblo natal donde tanscurre la colección de obras protagonizadas por el policía Patrik Hedström y su mujer, la escritora Erica Falck. Su estilo desenfadado que invita a una lectura compulsiva; sus tramas, siempre electrizantes y bien desarrolladas; y su constante mezcla entre el pasado y el presente, enseguida la catapultaron a un éxito rotundo en todo el mundo.

Nadie lo ha visto, de Mari Jungstedt

Läckberg se encargó de recordarle a todos, tras la muerte de Larsson, que la novela sueca estaba despuntando de un modo sorprendente, con ella como una de las principales protagonistas. La primera obra de su colección, La princesa de hielo, fue editada en más de 30 países. Los siguientes tomos fueron todos y cada uno un éxito de ventas. En España, acaba de publicar este mismo año la séptima entrega, Los vigilantes del faro. Y los lectores aún siguen queriendo más.

Pero Läckberg no es la única superventas escandinava que se dio a conocer recientemente en nuestro país. Mari Jungstedt está cosechando éxitos de ventas importantes, sobre todo con sus obras Nadie lo ha visto, Nadie lo ha oído y Nadie lo conoce. Otra sueca, Åsa Larsson, también se subió al tren de la popularidad con sus novelas protagonizadas por la abogada Rebecka Martinsson.

Juntas pero no revueltas. Todas ellas vienen a manifestar lo que ya es un hecho: la novela sueca está de moda y lleva tintes femeninos.

Los pilares de un mundo de libros

Hablar de literatura actual en muchos casos supone un sinónimo de hablar de Ken Follett. Escritor de moda por antonomasia en cualquier círculo de lectores que se precie, sus best-sellers van más allá de las morbosas historias de Grey y su amante virgen, o de los endulzados tríos amorosos entre humanos, vampiros y licántropos. Y es que estos booms literarios salen ya al mercado con fecha de caducidad (que suele coincidir con el estreno de la última película en el cine). Pero hablar de Ken Follett es otra cosa, no en vano su gran obra Los pilares de la Tierra (1989) es el libro más vendido de España.

Los pilares de la Tierra y Un mundo sin fin, de Ken Follett

Es en esta su gran novela donde el escritor galés decide dar el gran salto a la siempre convulsa Edad Media. Y vaya salto. En sus más de mil páginas, nos teletransportamos al siglo XII, a un pequeño pueblo británico conocido como Kingsbridge donde, por avatares del destino y en gran parte gracias a un chiquillo avispado, se comienza a construir una catedral en el priorato. Podría escribir docenas de miles de páginas en referencia a la obra, pues su longitud y calidad así lo merecen. Pero no será en esta ocasión. Decir, simplemente, que los tres estratos sociales del feudalismo (nobleza, clero y campesinos) se entrelazan de forma apasionante, creando un círculo de traiciones, muertes, amor y ambición nunca antes superado por ninguna otra creación literaria.

Es una obra entretenida y con bases sólidas que se convirtió desde el principio en una novela de referencia y, poco a poco, fue escalando puestos hasta llegar a lo que es hoy. De eso se ha dado cuenta todo el mundo, incluido, como es obvio, el propio escritor. Y como está claro que Follett vive principalmente de sus ventas, años después decide volver a sacar el jugo del que fue su billete al estrellato. Hablo, como no podría ser de otra forma, de Un mundo sin fin. Su publicación se remonta ya al año 2007, casi 20 después, cuando Los pilares tenía ya tal fama que no aprovecharse de ella sería bastante inaceptable.

No obstante, Ken Follett se destaca por ser un escritor bastante inteligente, por lo que la mayor virtud de esta obra es no ser propiamente una continuación de su predecesora. Un gran acierto, ya que superar Los pilares de la Tierra es misión imposible, así que ¿por qué intentarlo siquiera? Las aventuras de los personajes siguen teniendo lugar en Kingsbridge, localización que pasó de pequeño priorato perdido en el monte, a gran ciudad que trae de cabeza a toda la nobleza. Su longitud vuelve a superar las mil páginas de lectura ligera y desenfadada.

Pero no es lo mismo. Quizá perdió el efecto sorpresa de la anterior, quizá algunos sucesos son tan terriblemente semejantes que, inevitablemente, sabemos qué es lo que va a ocurrir. Pero sobre todo, no empatizamos tanto con los protagonistas, y es que Caris y Merthin no consiguen acercarse a los ya míticos Jack y Aliena. ¿Lectura recomendable? Sí. ¿Imprescindible? No. Lamentablemente todos los honores se los queda su hermana mayor.

Mención aparte merecen las series basadas en ambos libros. Cada historia tiene su mini serie de ocho capítulos de unos 50 minutos cada uno, aproximadamente. Con los hermanos Scott encargados de la producción, las dos supusieron un éxito notable de audiencia.

Eddie Redmayne, en el papel de Jack Jackson

Y aquí también vuelve a ganar por goleada Los pilares de la Tierra (sin ser perfecta). Como suele ser inevitable, existen los consabidos cambios que se producen en la historia cuando se traslada a la pantalla, pero la gran calidad de los actores, la ambientación y los mismos sucesos que se cuentan, tienen peso suficiente para convertirla en una pieza recomendable. Como aliciente, nos encontraremos en el papel de Jack Jackson al actor de moda últimamente, el británico Eddie Redmayne, que acaba de saltar al estrellato hollywoodiense tras su papel de Marius Pontmercy en la aclamada versión del musical de Les Misérables que llegó a la gran pantalla a finales del año pasado.

Por otro lado, tenemos el pequeño descalabro que es la mini serie de Un mundo sin fin. Si en la primera parte existen algunos cambios con respecto a la historia original, en esta continuación directamente estamos viendo una historia completamente distinta a la novela de Follett. Como serie es entretenida; como adaptación, lamentable.

Pero para gustos, colores. Siguiente paso: leer sus obras conocidas como La trilogía del siglo, ambientadas en el siglo XX. Primera parada: La caída de los gigantes. A ver qué me depara el destino en esta nueva aventura kenfollesca.