Category: Clásica

Una pequeña decepción

¡Mira que es mala pata! Justo hoy celebramos el Día del Libro (uno de mis días favoritos del año por los libritos que me caen de regalo) y tengo que escribir una de las pocas críticas negativas que recuerdo. Ya sé que no queda muy bien que critique una novela en un día como hoy pero… c’est la vie!

Vladimir Nabokov, autor de “Lolita”

Me estoy refiriendo a Lolita, el archiconocidísimo y famosísimo libro de Vladimir Nabokov. Tenía muchísimas ganas de leer algún clásico después de dedicarme por un tiempo enteramente a la literatura contemporánea, y éste fue el elegido. Por ningún motivo en concreto: estaba en mi casa, no lo había leído, le tenía ganas y… voilá!

No puedo ser injusta y decir que el libro no merece la pena o que está mal escrito. Nada de eso; sí merece la pena y está para mi gusto incluso demasiado bien escrito, tanto que conseguía sacarme de la historia. Durante sus casi 300 páginas me ha parecido que el autor estaba más preocupado de su forma de escribir y elaborar el lenguaje que de avanzar en la trama; y quizá ése fue el elemento que me resultó más perjudicial a la larga. Pero vamos directos al grano.

Una de las mútliples portadas de “Lolita”

Lolita, esa joven de tan sólo doce años pero que ya sabe el doble de lo que yo sabía cuando le doblaba la edad. Sí, ésa es Lolita, o Lo, o Dolores, o Dolly. Podemos llamarla como queramos, no en vano su creador es ruso. Vive con su madre Charlotte en un pequeño pueblo. Su vida corría pacíficamente, o tan pacíficamente como puede transcurrir la vida de una niña tan peculiar. Pero todo cambia cuando Humbert irrumpe en sus vidas. Primero como inquilino, después como marido de Charlotte y, por ende, padrastro de Lolita, no tardará en sentir una fuerte atracción hacia ella. Y básicamente en esto consiste la primera parte del libro: se nos presenta al susodicho Humbert y vemos cómo se va acoplando en la vida de Lo. Y hasta aquí el libro avanzaba bien: un ritmo consistente, un lenguaje rebuscado pero asequible y una trama entretenida. ¿Por qué entonces, Dios mío, cuando más interesante estaba todo, empieza la segunda parte?

Porque, tengo que decirlo, la segunda mitad del libro se me hizo insufrible. Durante páginas y páginas Nabokov me deleitó con eternas descripciones y más eternas metáforas y anécdotas que no sólo no hacían avanzar la historia, si no que me hacían olvidar en qué parte me había quedado en el anterior capítulo. Se me empezó a poner todo cuesta arriba y, lamentablemente, tengo que decir que me leí las últimas páginas del tirón no por interés, si no porque se adueñó de mí un deseo irrefrenable de terminar la novela y poder dedicarme a otra cosa, mariposa.

¡Feliz Día del Libro!

Y aquí es donde vuelve a brillar el sol de nuevo en mi vida, y es que una amiga me prestó un libro de Agatha Christie que yo, misteriosamente, no tenía (a pesar de que tengo el 80% de los títulos publicados, alguno se me sigue escapando). Y como no podía ser de otra manera y dado que mis obligaciones inglesas y laborales hoy me dieron un poco de respiro, me he pasado la tarde del 23 de abril tranquilamente tumbada en mi cama, disfrutando de La muerte de lord Edgware. A la velocidad en que lo estoy leyendo, no dudo que muy pronto tendré disponible una nueva (y espero que más positiva) crítica.

Mientras tanto, muy feliz Día (o noche ya, más bien) del Libro a todos, felicidades a todos los Jorges y Georges y Jordis del mundo (especialmente a mi novio, que me ha regalado un nuevo tomo de Mary Higgins Clark) y espero poder seguir celebrando muchos más días como hoy. Nuestros amigos silenciosos se lo merecen.

La Regenta, un clásico inmortal

Recuerdo que lo dije la semana pasada: “mi próxima lectura quiero que sea un clásico, que hace tiempo que ni los huelo”. Pues gente, tengo que decir que no, no he empezado a leer un nuevo clásico, a pesar de que ya terminé con Juego de tronos. Lo cierto es que no tuve demasiado tiempo para bucear entre mis estantes del salón así que cogí un libro cualquiera de los que tengo pendientes: No llames a casa. Aun recién lo acabo de empezar, a ver qué tal está.

Leopoldo Alas “Clarín”, autor de “La Regenta”

Pero, al menos, intentaré compensar esta promesa incumplida hablando hoy del que, sin duda, es uno de mis libros favoritos: la famosísima novela La Regenta, de Leopoldo Alas “Clarín”. Corría allá el año… bueno, no sé, hace mucho tiempo; tanto, que yo estaba cursando 4º de ESO cuando, cómo no, nos tocó estudiar este título dentro de la época del Realismo. Recuerdo que su argumento me llamó la atención, y aprovechando el hecho de que tenía el volumen en mi casa, decidí darle una oportunidad.

Y aquí, aviso, atención navegantes, antes de que os embarquéis en la lectura de su argumento, os advierto que es un libro largo, descriptivo, extremadamente realista y que, precisamente por ello, habrá gente a la que no le guste. Hay que echarle un poco de paciencia pero, en mi caso, el resultado valió la pena a pesar de que me llevó casi todo el curso finalizar su lectura.

Estatua de Ana Ozores, la Regenta, en Oviedo

Si aun sabiendo esto os animáis a continuar leyendo, debo decir que, de buenas a primeras, el argumento no tiene demasiada dificultad. No recuerdo exactamente todos los detalles porque han pasado ya unos once años desde su lectura, pero hay cosas que no se olvidan. La acción transcurre en la imaginaria ciudad de Vetusta (tras ese nombre ficticio se encuentra Oviedo, ni más ni menos) donde reside nuestra protagonista, Ana Ozores. Perteneciente a una familia noble en horas bajas, decide contraer un matrimonio de convenciencia con Víctor Quintanar, regente de la Audiencia. Su marido es bastante mayor que ella, lo que la lleva a una vida monótona y aburrida. Hasta que se encuentra con dos hombres en su camino: el cura Fermín de Pas, su confesor enamorado; y Álvaro Mesía, un verdadero don Juan joven que no dejará indiferente a Ana.

Celos, traiciones, repulsa social… todo se encuentra mezclado en esta maravillosa novela de más de mil páginas. A pesar de que quizá lo leí demasiado temprano y es probable que no pudiera captar todos los matices del libro, lo cierto es que me encantó, me lo pasé como una enana y gracias a él empecé a conceder oportunidades a otros títulos clásicos que tenía en mi casa; así que, Anita, ha sido un placer.

Lecturas navideñas

La crisis se aposenta en mi hogar y es que… ¡me estoy quedando sin libros pendientes de leer! Bueno, la verdad es que estoy exagerando un poquito, ya que libros tener, tengo suficientes; pero reconozco que me gusta ver un buen repertorio en la estantería de no leídos. Pero bueno, al caso.

Portada de “El valle del terror”

Lo cierto es que me encuentro en una época de baja lectura: las fiestas que se aproximan obligan a cocinar dulces sin parar, y entre eso y que tengo que ayudar a mi tía con un sorteo navideño que realizará en su tienda, pues no doy abasto. Tanto que he tenido que renunciar momentáneamente a la lectura que me traía entre manos, Los libros arden mal, de Manuel Rivas; ya que la densidad de la novela y su longitud exigen que le dedique más tiempo del que dispongo ahora.

Por eso me he decidido por algo compacto, ligero y directo; además me encanta. Se trata de El valle del terror, del gran Arthur Conan Doyle. Vamos, que tengo al famoso Sherlock Holmes trabajando duro con su inseparable Watson. Una lectura perfecta para estas épocas tan estresantes. Pendientes aún tengo Adiós, princesa, de Juan Madrid, y Sangre guerrera, de Christian Cameron. Confiemos en que Papá Nöel y los Reyes Magos se porten bien y pueda llenar mi estantería otra vez. 😀

¡Camarero! ¡Una de clásicos, por favor!

El verano, esa otra gran época de diversos propósitos sólo superada por el Año Nuevo: este verano voy a visitar ese lugar, y a probar tal comida, y a leer aquél libro que tengo desde hace meses, y a ponerme al día en materia de cine…

Pues eso, que a veces nos hacen falta unas semanas de asueto para lograr cumplir nuestros propósitos y, por qué no, leer ese libro que todo el mundo conoce y comenta y con el que nos hemos quedado un poquito descolgados. Por falta de ideas que no sea, por favor. Aquí dejo una lista de esos títulos o autores clásicos para los que nunca acabamos de tener tiempo pero que en algún momento de nuestra vida se merecen que les echemos un vistazo.

Cumbres borrascosas

Cumbres borrascosas: clasicazo entre los clásicos. Este título mundialmente famoso fue escrito por una de las hermanas Brontë (en este caso la autora fue Emily). Famosísima historia donde conoceremos a dos de los personajes más carismáticos y al mismo tiempo, algo siniestros, de la literatura inglesa: Catherine Earnshaw y Heathcliff. Lo leí hace muchos años pero aún recuerdo lo enganchada que me tuvo a sus páginas.

Las uvas de la ira

Las uvas de la ira: obra maestra del ganador del Premio Nobel John Steinbeck. Durante su vida, el genial escritor americano nos dejó otras maravillas como La perla o De ratones y hombres, pero sin duda yo me quedo con Las uvas de la ira, donde conoceremos a la familia Joad que se ve obligada a abandonar sus tierras de Oklahoma y emigrar en busca de un futuro esperanzador en la lejana y soleada California. Libro bastante duro, como casi todos los de Steinbeck, pero muy necesario. Un must-read imprescindible.

Grandes esperanzas

Literatura inglesa: poned algo de Dickens en vuestro verano, por favor. O de la genial Jane Austen. En el haber de Dickens hay títulos muy recomendables como Grandes esperanzas u Oliver Twist. Por su parte, Austen no falla con títulos como el archiconocido Orgullo y prejuicio, aunque tiene otros menos conocidos (pero para mí igualmente interesantes) como Emma, Persuasión o La abadía de Northanger.

La casa de los espíritus

Literatura en español: si lo que el lector busca son títulos en español, el catálogo de clásicos de diversos años es también muy variado. Desde las novelas más recientes del pasado siglo, como Cien años de soledad (G. G. Márquez) o La casa de los espíritus (I. Allende); hasta los títulos más antiguos como La Regenta (Clarín) o la mismísima Celestina (F. de Rojas).

El vientre de París

Literatura francesa: finalmente, si alguien se quiere introducir en los años más convulsos de la vieja Francia, puede recurrir a una de las grandes obras de la literatura universal como es Los miserables (Victor Hugo), o cualquiera de las obras de Émile Zola: Nana, El vientre de París

Como podéis ver, la selección es grande (y me he dejado muchos por el camino, en serio) y todos han sido leídos y aprobados por una servidora, así que si os animáis a acercaros a algún clásico en estas fechas, cualquiera de estas opciones será una buena elección.

🙂

Empezamos el verano (cómo no) con lluvia

¡Por fin puedo volver a dedicarle un poco de tiempo a este mi espacio! Después de un curso de diseño gráfico multimedia que se alargó hasta lo extenuante, al fin he terminado con las clases y puedo volver a hacer vida normal, y espero que eso se refleje en mi nivel de lectura, que ha bajado drásticamente con el sprint final que todo final de curso (o cursillo en este caso) debe tener para ser considerado como tal.

Caminos ocultos, de Tawni O’Dell

Y como no podía ser de otra manera, a pesar de que el verano por fin ha llamado a la puerta (según dice el calendario), aquí en Vigo se niega a entrar hasta dentro de una semana mínimo, pues qué mejor actividad para llenar estos pequeños momentos de ociosidad que unos buenos libritos a los que tanto dejé de lado en estas adversas semanas.

En este momento me encuentro inmersa en la lectura de Caminos ocultos, un libro completamente desconocido para mí, al igual que su autora, hasta que mi hermana decidió regalármelo las pasadas navidades. Por el momento está cumpliendo bastante bien las expectativas, veremos cómo acaba.

El que sí conseguí terminar la pasada semana (y me llevó un tiempo vergonzosamente largo teniendo el cuenta su poca longitud) fue El sabueso de los Baskerville, protagonizado por el siempre grandioso Sherlock Holmes y el leal Watson.

Gracias a esta pequeña obra maestra pude volver a acercarme a un mundo detectivesco sorprendentemente similar al que podemos conocer con Hércules Poirot, protagonista indiscutible de los libros de Agatha Christie. Tenía mono, la verdad, mono de ese tipo de literatura que me acompañó hace años cuando leí más de cincuenta títulos de la escritora británica.

Sherlock Holmes, en plena investigación

En este caso, este libro de Conan Doyle pertenece a una de las cuatro novelas largas protagonizadas por Holmes (el resto son relatos cortos). Durante las páginas de este libro conoceremos la historia de la familia Baskerville, que parece condenada a morir bajo la maldición de un satánico sabueso que se les aparece por las noches en el páramo donde se encuentra su mansión.

Henry Baskerville es el último descendiente en heredar la casa, si a él le pasara algo, los Baskerville dejarían de existir como tal y el palacete sería heredado por un familiar lejano. Dispuesto a defender lo suyo y no dejarse amedrentar por supuestos chuchos malditos, en cuanto recibe la herencia se muda, no sin antes hablar con Sherlock, quien decide que Watson vaya con él los primeros días y lo vigile. Todo parece ir bien hasta que se empiezan a escuchar de nuevo por las noches los aullidos del ser monstruoso.

Y hasta aquí puedo contar. ¿Logrará sobrevivir Henry a la supuesta maldición? ¿Es en realidad una maldición? ¿Qué pasa por las noches en el páramo? ¿De dónde ha salido semejante ser? Las respuestas, como no podía ser de otra manera, están el libro.

Muy recomendable e ideal para pasar una tarde de veranito al frescor de la sombra.

¡La semana que viene más (aunque no sé si mejor)! ¡Felices vacaciones!