Category: Críticas

Entre chantajes y cuernos

¡Bueno, bueno, bueno! ¡Cómo viene esta semanita! Y es que no hay más que leer el título del post para saber que no se avecina nada bueno. 😉

“No llames a casa”, de Carlos Zanón

Me estoy refiriendo, como no podía ser de otra manera, a uno de mis últimos libros leídos que tengo pendiente de comentar, No llames a casa, del catalán Carlos Zanón. Lo cierto es que la compra de este ejemplar, ocurrida las pasadas navidades, tuvo bastante de impulsiva. Por Reyes mi madre me regaló La mujer que arañaba las paredes, un libro policíaco perteneciente a la serie Departamento Q que ya me leí en su momento y que comenté aquí. Rauda y veloz acudí a la librería dispuesta a cambiarlo cuando se me ocurrió echarle un vistazo a la sección donde guardan los libros de la colección Serie Negra RBA, una colección que me encanta pero que no compro muy a menudo porque sus precios son algo elevados. Pero resulta que éste no, éste costaba lo mismo que un libro de bolsillo, por lo que me hice con él, a pesar de no conocer al autor.

Tengo que decir que su compra fue una decisión acertada. Si bien al principio tardé un poco en meterme de lleno en la historia por el hecho de no conocer bien a los personajes de los que hablaba, una vez que me puse en serio con ella, el enganche fue tal que no paré hasta terminarla. Pero vayamos a lo importante: ¿de qué trata este libro?

La historia, a priori, es sencilla: los hermanastros Cristian y Raquel junto con Bruno, la pareja sentimental de Raquel, forman un trío peligroso. Hartos de trapichear con drogas y pequeños negocios turbios, y de malvivir en cualquier rincón donde puedan caerse muertos, parecen haber encontrado el negocio ideal. Éste no es otro que merodear por las instalaciones y aparcamientos de moteles, picaderos o lugares donde acuden las personas que están engañando a sus parejas. Una vez localizan a alguna pareja, la siguen para después chantajearla: o le pagan una cantidad considerable de dinero o, literalmente, se chivan al cónyuge de las andanzas del otro. Y todos pagan, no falla.

Hasta que entran en escena Max y Merche. En un principio podrían parecer una pareja entre tantas, salvo que Max ya está divorciado precisamente porque dejó a su mujer para poder estar con su nueva novia. El problema es que Merche no se decide a dejar a su marido. El chantaje en este caso no funciona, ya que Max está más que encantado con la idea de que alguien informe a Gelo, el marido de su pareja, para que ésta se decida de una vez a dar el gran paso. Pero dado que ella no da arrancado, a Max no le queda otra alternativa que pedirle a Cristian que lo ayude a deshacerse de Gelo.

Las calles de Barcelona serán testigo de los múltiples trapicheos de los protagonistas

A pesar de que el libro entretiene y engancha mogollón, tengo que decir que su lectura a veces se vuelve desagradable. No por los hechos que suceden en sí, sino porque es tanta la bajeza que muestran los protagonistas, tan poca su empatía y se mueven en ambientes tan destructivos que en mi caso me acompañó un ligero pero constante dolor de estómago mientras avanzaba página tras página.

Y ya la semana que viene escribiré sobre Obsesión, de Karen Robards, un libro que me sorprendió para bien y que leí, literalmente, en tres días. Fue empezar y no parar.

¡Feliz primavera a tod@s!

 

La Regenta, un clásico inmortal

Recuerdo que lo dije la semana pasada: “mi próxima lectura quiero que sea un clásico, que hace tiempo que ni los huelo”. Pues gente, tengo que decir que no, no he empezado a leer un nuevo clásico, a pesar de que ya terminé con Juego de tronos. Lo cierto es que no tuve demasiado tiempo para bucear entre mis estantes del salón así que cogí un libro cualquiera de los que tengo pendientes: No llames a casa. Aun recién lo acabo de empezar, a ver qué tal está.

Leopoldo Alas “Clarín”, autor de “La Regenta”

Pero, al menos, intentaré compensar esta promesa incumplida hablando hoy del que, sin duda, es uno de mis libros favoritos: la famosísima novela La Regenta, de Leopoldo Alas “Clarín”. Corría allá el año… bueno, no sé, hace mucho tiempo; tanto, que yo estaba cursando 4º de ESO cuando, cómo no, nos tocó estudiar este título dentro de la época del Realismo. Recuerdo que su argumento me llamó la atención, y aprovechando el hecho de que tenía el volumen en mi casa, decidí darle una oportunidad.

Y aquí, aviso, atención navegantes, antes de que os embarquéis en la lectura de su argumento, os advierto que es un libro largo, descriptivo, extremadamente realista y que, precisamente por ello, habrá gente a la que no le guste. Hay que echarle un poco de paciencia pero, en mi caso, el resultado valió la pena a pesar de que me llevó casi todo el curso finalizar su lectura.

Estatua de Ana Ozores, la Regenta, en Oviedo

Si aun sabiendo esto os animáis a continuar leyendo, debo decir que, de buenas a primeras, el argumento no tiene demasiada dificultad. No recuerdo exactamente todos los detalles porque han pasado ya unos once años desde su lectura, pero hay cosas que no se olvidan. La acción transcurre en la imaginaria ciudad de Vetusta (tras ese nombre ficticio se encuentra Oviedo, ni más ni menos) donde reside nuestra protagonista, Ana Ozores. Perteneciente a una familia noble en horas bajas, decide contraer un matrimonio de convenciencia con Víctor Quintanar, regente de la Audiencia. Su marido es bastante mayor que ella, lo que la lleva a una vida monótona y aburrida. Hasta que se encuentra con dos hombres en su camino: el cura Fermín de Pas, su confesor enamorado; y Álvaro Mesía, un verdadero don Juan joven que no dejará indiferente a Ana.

Celos, traiciones, repulsa social… todo se encuentra mezclado en esta maravillosa novela de más de mil páginas. A pesar de que quizá lo leí demasiado temprano y es probable que no pudiera captar todos los matices del libro, lo cierto es que me encantó, me lo pasé como una enana y gracias a él empecé a conceder oportunidades a otros títulos clásicos que tenía en mi casa; así que, Anita, ha sido un placer.

Más que un club (y no es el Barça)

¡Bueno, bueno, bueno! Tengo que pedir disculpas por mi inexcusable tardanza en actualizar este espacio, pero compromisos laborales inesperados me tuvieron liadilla la semana pasada, sin tiempo para contar mis impresiones acerca del libro que acabo de finiquitar: El club de los viernes, de Kate Jacobs. Pero ya estoy aquí, dispuesta a contaros qué me ha parecido.

Portada de “El club de los viernes”

Hace tiempo ya que me había fijado en este libro en concreto: su título, los colores de su portada, el ovillo de lana que me recuerda a mi abuela… fueron factores que siempre hacían que mi vista girara hacia su lugar en la estantería de Librouro. Pero nunca lo compré, no sé por qué. Sin embargo, esta Nochebuena mi madre estuvo fina con su elección y me cayó como regalito de Papá Noel. Me hizo mucha ilusión porque a mí este tipo de lectura femenina y cotidiana me suele gustar. Así que, en cuanto tuve un hueco decidí empezar a leerlo, a pesar de que tengo pendientes otros títulos más antiguos.

El resumen es sencillo: Georgia Walker es una joven madre soltera de 37 años que tiene que bregar diariamente con la crianza de su hija Dakota, de 12 años, el cuidado de su apartamento de Manhattan y el mantenimiento de su negocio: una tienda de hilos y lanas donde todos los viernes se reúne un grupo variopinto de distintas mujeres, de diferentes edades y estatus social. Este club, que empieza naciendo un poco por casualidad, se va convirtiendo en un importante apoyo en la vida de estas mujeres, que compartirán sus problemas, sus inquietudes e intentarán ayudarse las unas a las otras.

A nivel argumental no hay mucho más que añadir. Pasemos ahora a mis impresiones. Como dije antes, este tipo de literatura me suele gustar, así que de antemano iba con buenas vibraciones. A pesar de las dispares críticas que recibió este libro (hay a quien le encanta y hay a quien le aburre) debo decir que yo soy de las del primer grupo: me ha gustado. Me han interesado todas las diferentes historias que se entrecruzan en la trama y no se me hizo pesada. Tampoco es demasiado largo el libro. Lo único que se me hizo extraño (como a todos, imagino) es el final. No sé si era necesario que el libro acabara así, pero ya sabemos cómo es la vida; nadie dijo que fuera justa.

“Juego de tronos” es el primer tomo de la saga de fantasía “Canción de hielo y fuego”

Y ahora… ¡tachán! Estoy leyendo el primer libro de la famosísima saga Canción de hielo y fuego, Juego de tronos. Lo cierto es que después de disfrutar mogollón con la serie, me entraron unas ganas inmensas de leer los libros escritos por George Martin. ¡Por el momento están muuuy a la altura de lo visto en TV! 😀

Amor por los Zipi y Zape

¡Me parece absolutamente increíble llevar algo más de un año con este blog y no haber dedicado todavía una sola entrada a los Zipi y Zape! Dejadme que me explique: hay fans de los tebeos de estos dos gemelos gamberros, y luego estoy yo, su fan number one.

Ejemplo de un Super Humor Zipi y Zape

Desde chiquitita siempre tuve entre mis manos algunas de sus historietas más famosas. Por 275 pesetas (si no recuerdo mal) mi madre me compraba una revistita de unas 40 páginas que incluía varias aventuras cortas o una larga. Me chiflaban. Tanto yo como mi hermana podíamos pasarnos horas y horas delante de ellas. Luego pasamos a palabras mayores con los tomos Super Humor: unos libracos pesados que incluían muchísimas historias más. Aún los tengo guardaditos en mi habitación.

Supongo que todo el mundo conocerá a los personajes de los que estoy hablando, pero las generaciones de niños crecen tan rápido que no me extrañaría que para algunos ya resulten bastante desconocidos. Así que: ¿quiénes son estos Zipi y Zape? Pues son unos gemelos muy macarrillas fácilmente distinguibles porque uno es rubio (Zipi) y el otro moreno (Zape). Ambos viven en un chalet muy mono con su padre (don Pantuflo Zapatilla, catedrático de Filatelia y Colombofilia, ¡toma ya!) y su madre (doña Jaimita, una abnegada y sacrificada ama de casa). También es frecuente que algunas historias sucedan en la escuela con su profesor don Minervo y algunos compañeros de clase, entre los que destacan el envidioso Peloto y el sabelotodo Sapientín.

Sus malas notas siempre son fuente de conflictos

La gracia de estos dos chavales es que son unos elementos de cuidado: sacan ceros en todo, rompen cristales, son unos flipados del fútbol y tienen tan mala suerte que incluso cuando quieren hacer el bien, todo les sale mal. Su castigo más común es dejarlos un rato encerrados en el cuarto de los ratones (cuando están en casa) o ponerlos de rodillas mirando a la pared con los brazos en cruz y sosteniendo unos cuantos libros en cada mano (cuando están en la escuela).

Su sueño es conseguir que les compren la tan ansiada bicicleta, por lo que cada vez que se esfuerzan y consiguen sacar un 10 en las notas semanales, su padre les da un vale por una pieza de la bici. Cuando consigan todos los vales necesarios, tendrán el deseado premio (cosa que yo nunca llegué a ver, angelitos míos).

La verdad es que sus aventuras son super entretenidas y alocadas. Si alguno se anima, sus tomos pueden ser un buen regalo que encantará a pequeños (y no tan pequeños). Yo, a mis 26 años, sigo siendo tremendamente fan. 😀

Horror al amanecer

“Sin una palabra” de Linwood Barclay

Imaginemos a una adolescente como otra cualquiera, de 14 años. Ésa es Cynthia. Bueno, a lo mejor no es una joven como las de su edad; lo cierto es que está pasando por una etapa complicada, un poco rebelde, pero nada que no se pueda arreglar con una buena regañina de sus padres. Ahora imaginemos que una noche ella no llega a casa a su hora y su padre sale a buscarla. Se la encuentra medio borracha y en compañía de un chico que, bueno, no es la compañía que un padre querría para su hijita. Bronca tremenda y Cynthia se acuesta sintiéndose el ser más incomprendido del mundo. Odia a su familia. Pero todo se calma al amanecer, hora en la que despierta dispuesta a iniciar una nueva jornada escolar. Pero sus padres no están, ni su hermano Todd. Ni rastro de ellos. No dejaron ni una nota. ¿Qué demonios ha pasado?

Con este prólogo tan interesante, Sin una palabra nos mete en el bolsillo desde su primera página. Necesitamos, al igual que la protagonista, saber qué pudo haber sucedido. ¿Está tan enfadada la familia de Cynthia que la abandonan sin más? La joven necesita respuestas por lo que, veinticinco años después, como sigue sin saber ni una palabra del extraño suceso, decide acudir a un programa de televisión que remueve viejos misterios con la esperanza de que llame alguien con alguna información nueva. Lo que ella no se imagina es que desatará una serie de acontecimientos que la asustarán hasta el infinito.

¿Y si al despertar tu familia hubiera desaparecido?

Paranoias, manía persecutoria y un temor cada vez más creciente a que le pueda suceder algo a Grace, su hija de ocho años, se convertirán en el día a día de esta familia. La historia, contada desde el punto de vista de Terry, el marido de Cynthia, no deja un respiro al lector. Entre sospechas, asesinatos y videntes timadoras, iremos avanzando en el misterio hasta llegar a un final que a mí personalmente me dejó satisfecha.

Lo cierto es que disfruté muchísimo con esta lectura. En algunos momentos incluso sentí un poco de miedo, pero en general me lo pasé como una enana. Muy recomendable. Ahora me dispongo a comenzar El club de los viernes, me apetece mucho. ¡Espero poder hablar de él la semana que viene!