Existen las historias y existe la Historia. Las primeras son relatos más o menos cortos que nos cuentan unos hechos generalmente ficticios, vividos por personajes reales o imaginarios. La segunda es nuestro pasado, el de nuestros padres y abuelos, el de nuestros antepasados. Y finalmente existen historias que cuentan la Historia. La caída de los gigantes es eso, una historia gigante. Y si hay una cosa cierta es que cuando la propia realidad supera la ficción, ahí estará Ken Follett para contarlo.

La caída de los gigantes, de Ken Follet

Sin tener en cuenta un pequeño prólogo de apenas unas páginas, el libro comienza en el convulso año 1914. Todavía no existía un peligro cierto ni concreto, pero las potencias europeas se encontraban sumergidas en ciertos tira y afloja que no presagiaban nada bueno, aunque bien es cierto que nadie imaginaba un conflicto de tal calibre como el que se avecinaba. En esos momentos previos conoceremos a cinco familias muy diferentes entre sí: una inglesa, una galesa, una alemana, una rusa y una norteamericana (como si de un chiste malo se tratara).

Y a nivel de argumento poco más hay que decir que no se sepa ya. A finales de julio estalló la que sería conocida como la Gran Guerra que, pese a todos los pronósticos, no se acabaría hasta noviembre del año 1918; un año y medio después de la entrada de los americanos al combate, lo que decantó la balanza finalmente del lado de los aliados, después de varios años en los que la victoria se encontraba en un punto muerto. De la mano de estas cinco familias, que inevitablemente se irán entrecruzando durante la novela, conoceremos el devenir de los distintos países.

Mapa europeo de la Primera Guerra Mundial

Y es aquí donde se acaba la historia y comienza la Historia. Con un exquisito (y a veces casi exagerado) rigor histórico no conocido por mí anteriormente en ningún otro escritor, el galés nos lleva de su mano por algunos de los acontecimientos más crueles y decisivos de este inicio de siglo: el Domingo Sangriento, la famosa (y genial) Tregua de Navidad, la Batalla del Somme o la mismísima Revolución Rusa, que conllevó la caída del zar, el posterior gobierno bolchevique y, finalmente, la guerra civil rusa. Caracteres como el del presidente americano Woodrow Wilson, para mí desconocidos, obtienen en este libro un retrato tan fiel como si de una biografía se tratara. Y viejos clichés que sonsacábamos de los libros de texto como que los aliados eran los “buenos” y Alemania la “mala de la película” se ven enterrados cuando podemos leer una historia que cuenta eso, la Historia.

Tan recomendable que no sé cómo no es un libro obligatorio en todas las escuelas de todos los países de este mundo que a veces (casi siempre) parece estar un poco loco.

Y para que nadie se crea que exagero hablando del rigor histórico de Follett, transcribo unas pocas líneas donde él mismo lo explica. “Cuando los personajes reales (que aparecen en la novela) mantienen conversaciones con mis personajes ficticios, acostumbran a decir cosas que realmente dijeron en algún momento. (…) Mi regla es: o bien la escena sucedió, o bien podría haber sucedido; o se pronunciaron esas palabras, o se podrían haber pronunciado. Y si encuentro algún motivo por el que la escena no podría haber tenido lugar en la vida real, o por el que las palabras no podrían haberse pronunciado (…) la elimino”.

5 Comments on Cuando una historia nos relata la Historia

  1. A mi me han encantado. Ken Follet me atrapó con los pilares de la tierra, pero estos dos me han gustado todavía más. Lo único negativo es la espera del tercer libro, yo me lo habría leído nada más terminar el segundo.

    • Es un genio! Yo estoy a la espera de leer El invierno del mundo, así que aún me queda uno mientras espero por el tercero 🙂

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *