Portada de uno de los libros de Los Cinco

Todos los niños recuerdan su infancia. La mía, que fue preciosa, la recuerdo completamente rodeada de libros de Enid Blyton. No quería leer otra cosa que no fueran Los Cinco, Las mellizas O’Sullivan, El árbol lejano, etc. Y no es que los leyera una vez y vía; es que si cuento las veces que leí cada libro de los 21 que forman la colección de Los Cinco, creo que me salen más de 15 veces cada tomo.

Pero llegó un momento, no recuerdo exactamente qué fue lo que lo propició, en que empecé a pasarme con más frecuencia por la biblioteca del salón, ese gran lugar en el que guardamos la mayoría de los libros en mi casa. Recuerdo quedarme allí sentadita, cogiendo libros al azar y leyendo las sinopsis de la contraportada. La mayoría ni las entendía ni, por el momento, me interesaban demasiado. Hasta que llegué a la colección Las 100 mejores novelas del siglo XX en castellano, editada por el diario El mundo, y que en mi casa completamos. Uno de sus primeros títulos me llamó la atención, quizá porque parecía más un título para un cuento infantil que para un libro serio. La casa de los espíritus, de Isabel Allende.

Edición de “La casa de los espíritus” publicada por el diario El Mundo

Allá que lo cogí y empecé con su lectura. Yo tendría, no sé, ¿quizá 13 años? No recuerdo. Lo leí entero y me gustó bastante a pesar de que hubo algunas partes que, de aquella, no logré comprender bien y se me hicieron un poco cuesta arriba. Pero lo acabé y recuerdo que ése fue el título que me metió el gusanillo por empezar a leer otro tipo de literatura. Por eso quizá le tengo tanto cariño.

Años más tarde, con la sabiduría que da la experiencia y con una caterva de libros leídos a mi espalda, volví a cogerlo y a sumergirme en sus bastantes páginas. Esa lectura fue más completa y satisfactoria, supongo que porque ya tenía una edad más adecuada.

Hasta el momento es el único que he leído de la escritora chilena, pero no descarto leer más si se da la ocasión. Mientras tanto, sigo absorta en la amable y relajada lectura de Cuando todo cambió, de Donna Milner. Me venía bien un tipo de lectura así después del esfuerzo realizado con Yo confieso.

Veredicto de La casa de los espíritus: recomendable. Es un clásico. Si tenéis ocasión, no os lo perdáis.

1 Comment on El momento en que me convertí en mayor

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