Los vigilantes del faro, de Camilla Läckberg

La verdad es que no podía estar más contenta literariamente hablando, y es que tras casi un año de espera acaba de salir en bolsillo el séptimo libro de la sueca Camilla Läckberg, Los vigilantes del faro. También acaba de salir publicada la octava entrega, La mirada de los ángeles, pero tengo tantísimos libros en mi casa que como no espere a las ediciones de bolsillo en breves no voy a tener espacio para ninguno más. En fin, que me lío, que ya tengo entre mis manos un nuevo ejemplar de Läckberg, que recién acabo de empezar y ya estoy disfrutando muchísimo. Espero terminarlo pronto, éste tipo de libros no me suelen durar mucho, así que habrá reseña en poco tiempo. 🙂

El que sí recién acabo de terminar es el maravilloso El invierno del mundo, de Ken Follet. Cuando existe ya un precedente tan magnífico como La caída de los gigantes, uno se espera que la continuación, con un poco de suerte, consiga estar a la altura; pero es que en este caso, la segunda parte es un novelón enorme ya sólo por su cuenta. Si por encima lo unimos con el anterior, nos encontramos ante dos mil páginas de pura literatura bélica tan entretenida y didáctica que el lector sólo deseará que haya otras dos mil páginas más.

El umbral de la eternidad pondrá fin a la trilogía

Follett, en esta continuación, sigue narrando las vivencias de las mismas familias, pero esta vez los protagonistas pertenecen a una nueva generación y el marco histórico se centra en los años previos a la Segunda Guerra Mundial y el desarrollo de la misma. La guerra civil española, el ascenso al poder de los nazis, el ataque a Pearl Harbor, la invasión soviética por parte de Hitler o la bomba atómica tendrán cabida en estas casi mil páginas.

Ahora queda esperar ansiosos a que en septiembre salga el tercer tomo que pondrá fin a la trilogía, El umbral de la eternidad, ya ubicado en los tiempos de la Guerra Fría, la crisis de los misiles o el asesinato de JFK. Son tantas las ganas de poder terminar esta saga familiar que me parece que el otoño queda muy muy lejos. La espera, desde luego, merecerá la pena.

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