Fiordo en Dinamarca

Copenhage. Imaginemos un precioso paisaje lleno de fiordos, nieve y montañas. Incluso en un paraje tan bucólico como el de la imagen, la violencia sigue teniendo cabida. Y es ahí donde nos encontramos al subcomisario Carl Mørck, encargado del Departamento Q, tal y como expliqué en otra ocasión.

Terco, testarudo, respondón, vago y acompañado de dos ayudantes casi tan peculiares como él. Así es el protagonista de esta serie escrita por Jussi Adler-Olsen. Como se puede ver en mi anterior entrada sobre esta colección, las impresiones con estas novelas son francamente buenas. No obstante, el hecho de que esté refiriéndome de nuevo a ellas es que acabo de terminar la tercera entrega, El mensaje que llegó en una botella. Y con esta tercera parte sucedió algo que no suele pasar con frecuencia: que a pesar de que se perdió un poco el factor sorpresa porque nos enfrentamos a personajes conocidos, me gustó aún más que sus predecesoras.

El mensaje que llegó en una botella, de Jussi Adler-Olsen

En este caso, Mørck y sus ayudantes Assad y Rose, se encuentran con una botella que contiene un mensaje escrito con sangre humana. Así poco a poco van desentrañando el caso de un hombre que se dedica a secuestrar niños de familias que pertenecen a sectas. Con un ritmo francamente trepidante que no decae en ningún momento, la historia va avanzando de tal forma que parece que nunca vamos a llegar a la solución.

Pero no nos olvidemos que vamos de la mano del subcomisario Carl, que siempre parece tener la última palabra. La verdad es que pocos personajes con un carácter como el suyo consiguen despertarme tanta simpatía, pero éste es increible. A pesar de sus modales a veces bruscos y su vagancia, su peculiar sentido del humor y su ironía, sumados a su innegable inteligencia, lo convierten en uno de los personajes para mi gusto más completos del panorama policiaco actual. Lo cierto es que últimamente los amantes del género no nos podemos quejar; particularmente entre el subcomisario Mørck y el policía retirado Dave Gurney, no sé con cuál quedarme.

Y ya para la semana que viene tengo pensado escribir sobre una de mis adicciones más escalofriantes, los libros de Stephen King. Era el tema seleccionado para la entrada de hoy, pero al haber finalizado este libro no me pude resistir a escribir sobre él. Para la semana, más y mejor. Id preparando vuestros nervios, que se avecinan curvas.

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