Recuerdo que lo dije la semana pasada: “mi próxima lectura quiero que sea un clásico, que hace tiempo que ni los huelo”. Pues gente, tengo que decir que no, no he empezado a leer un nuevo clásico, a pesar de que ya terminé con Juego de tronos. Lo cierto es que no tuve demasiado tiempo para bucear entre mis estantes del salón así que cogí un libro cualquiera de los que tengo pendientes: No llames a casa. Aun recién lo acabo de empezar, a ver qué tal está.

Leopoldo Alas “Clarín”, autor de “La Regenta”

Pero, al menos, intentaré compensar esta promesa incumplida hablando hoy del que, sin duda, es uno de mis libros favoritos: la famosísima novela La Regenta, de Leopoldo Alas “Clarín”. Corría allá el año… bueno, no sé, hace mucho tiempo; tanto, que yo estaba cursando 4º de ESO cuando, cómo no, nos tocó estudiar este título dentro de la época del Realismo. Recuerdo que su argumento me llamó la atención, y aprovechando el hecho de que tenía el volumen en mi casa, decidí darle una oportunidad.

Y aquí, aviso, atención navegantes, antes de que os embarquéis en la lectura de su argumento, os advierto que es un libro largo, descriptivo, extremadamente realista y que, precisamente por ello, habrá gente a la que no le guste. Hay que echarle un poco de paciencia pero, en mi caso, el resultado valió la pena a pesar de que me llevó casi todo el curso finalizar su lectura.

Estatua de Ana Ozores, la Regenta, en Oviedo

Si aun sabiendo esto os animáis a continuar leyendo, debo decir que, de buenas a primeras, el argumento no tiene demasiada dificultad. No recuerdo exactamente todos los detalles porque han pasado ya unos once años desde su lectura, pero hay cosas que no se olvidan. La acción transcurre en la imaginaria ciudad de Vetusta (tras ese nombre ficticio se encuentra Oviedo, ni más ni menos) donde reside nuestra protagonista, Ana Ozores. Perteneciente a una familia noble en horas bajas, decide contraer un matrimonio de convenciencia con Víctor Quintanar, regente de la Audiencia. Su marido es bastante mayor que ella, lo que la lleva a una vida monótona y aburrida. Hasta que se encuentra con dos hombres en su camino: el cura Fermín de Pas, su confesor enamorado; y Álvaro Mesía, un verdadero don Juan joven que no dejará indiferente a Ana.

Celos, traiciones, repulsa social… todo se encuentra mezclado en esta maravillosa novela de más de mil páginas. A pesar de que quizá lo leí demasiado temprano y es probable que no pudiera captar todos los matices del libro, lo cierto es que me encantó, me lo pasé como una enana y gracias a él empecé a conceder oportunidades a otros títulos clásicos que tenía en mi casa; así que, Anita, ha sido un placer.

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