Lecturas navideñas

La crisis se aposenta en mi hogar y es que… ¡me estoy quedando sin libros pendientes de leer! Bueno, la verdad es que estoy exagerando un poquito, ya que libros tener, tengo suficientes; pero reconozco que me gusta ver un buen repertorio en la estantería de no leídos. Pero bueno, al caso.

Portada de “El valle del terror”

Lo cierto es que me encuentro en una época de baja lectura: las fiestas que se aproximan obligan a cocinar dulces sin parar, y entre eso y que tengo que ayudar a mi tía con un sorteo navideño que realizará en su tienda, pues no doy abasto. Tanto que he tenido que renunciar momentáneamente a la lectura que me traía entre manos, Los libros arden mal, de Manuel Rivas; ya que la densidad de la novela y su longitud exigen que le dedique más tiempo del que dispongo ahora.

Por eso me he decidido por algo compacto, ligero y directo; además me encanta. Se trata de El valle del terror, del gran Arthur Conan Doyle. Vamos, que tengo al famoso Sherlock Holmes trabajando duro con su inseparable Watson. Una lectura perfecta para estas épocas tan estresantes. Pendientes aún tengo Adiós, princesa, de Juan Madrid, y Sangre guerrera, de Christian Cameron. Confiemos en que Papá Nöel y los Reyes Magos se porten bien y pueda llenar mi estantería otra vez. 😀

Todo inicio llega a su fin

Con gran pesar de mi corazón, debo decir que esta semana he terminado El grito de la tierra, el libro que ponía el broche final a la trilogía neozelandesa de Sarah Lark. Lo cierto es que me dio muchísima pena acabar con esta entrega, ya que me pareció muy entretenida y super entrañable. Le acabé cogiendo un cariño real a los personajes.

En el país de la nube blanca

Si nos remontamos a los inicios, llegamos a En el país de la nube blanca. En pleno siglo XIX conoceremos a dos jóvenes inglesas, Gwyneira y Helen, quienes, cada una por sus motivos, deciden ir hasta Nueva Zelanda a contraer matrimonio. La primera, con un barón de la lana; su enlace fue preparado por su rica familia. La segunda, una humilde institutriz, responde a una carta de un granjero solicitando esposa. Como es de esperar, para llenar 700 páginas de historia, las cosas no resultan como parecen allá en el nuevo mundo, y las aventuras y desventuras de estas dos jóvenes me tuvieron enganchadísima al libro durante largas horas.

La canción de los maoríes

La segunda parada vino de la mano de La canción de los maoríes. En él, damos un salto generacional importante y nos encontramos con que las protagonistas de esta nueva historia son Elaine y Kura, nietas de Helen y Gwyneira. Pronto las dos primas tendrán un fuerte encontronazo que, aunque a primera vista no lo parezca, marcará sus vidas para siempre. Como si de un culebrón se tratara, encontrarán obstáculos por el camino (algunos a primera vista insalvables) pero veremos cómo las jóvenes, al principio adolescentes inmaduras, van encontrando su camino en la vida. En esta entrega aparecerán nuevos personajes que, añadidos a los ya conocidos en el primer libro, formarán el telón de fondo para la última parte de la trilogía, El grito de la tierra.

El grito de la tierra

Las protagonistas de esta tercera novela son Lilian y Gloria, primas entre ellas e hijas de Elaine y Kura respectivamente. La principal novedad aquí es que parte de la historia trancurre fuera de Nueva Zelanda, porque las dos niñas son enviadas a un internado inglés. La escuela, al más estilo Santa Clara de Enid Blyton, dará pie a múltiples situaciones, y la Primera Guerra Mundial como telón de fondo tampoco ayudará a suavizar el ambiente. A pesar de que mantiene un estilo muy similar a los anteriores, en sus páginas ya se puede leer cierto tono de despedida: no volveremos a encontrarnos con esos personajes. Algunos son muy mayores ya y la vida tiene que seguir su curso, mientras que con los más jóvenes, tendremos que conformarnos con intuir qué tal les irá la vida en el futuro. Confiemos en que bien. 🙂

Y así llegamos al fin de una trilogía que me hizo pasar ratos memorables y que me resultó tan entretenida que, a pesar de la gran envergadura de sus títulos, los leí todos de una patada. Si la tenéis por ahí, dadle una oportunidad. Si no, ya sabéis: puede ser un buen regalo para pedirle a los Reyes.

Premios Planeta 2014

Como todos los años, los Premios Planeta ya están aquí, y con ellos regresa una cita obligada con la lectura para muchos españoles. No en vano durante las próximas semanas seguro que tanto el libro ganador como el finalista se encontrarán en la lista de más vendidos en nuestro país.

Este año, el escritor afortunado en llevarse el galardón fue Jorge Zepeda con Milena o el fémur más bello del mundo. Si atendemos a la sinopsis, nos encontraremos con que la belleza de Milena también fue su perdición. Convertida en esclava sexual desde la adolescencia, intenta huir cuando muere su protector, un magnate de la comunicación que sufre un fallo cardiaco mientras hace el amor con ella. En su angustiosa fuga, se cruza con los Azules, un trío de justicieros formado por el periodista Tomás Arizmendi, la política Amelia Navarro y el especialista en alta seguridad, Jaime Lemus. Ellos desean liberarla, pero Milena guarda con recelo un espinoso misterio que atesora en su libreta negra y que supone su salvación y, sobre todo, su venganza.

El libro finalista de este año, por su parte, fue Mi color favorito es verte, de Pilar Eyre. Pilar Eyre, una periodista madura y aún presa de una gran pasión por la vida, conoce, durante un verano en la Costa Brava, a Sébastien, un corresponsal de guerra francés de gran atractivo. Entre ellos surge un amor inesperado que los lleva a vivir tres días de intensa relación erótica y sentimental. Cuando Sébastien desaparece repentinamente, Pilar lo busca con desesperación siguiendo las pistas ambiguas que el periodista ha ido dejando a su paso, pero los resultados son cada vez más sorprendentes y misteriosos. Esta no es una bella historia de amor crepuscular, esta es una bella historia de amor entre una mujer que se atreve a llegar hasta el límite y un hombre secuestrado por unos sentimientos imprevistos.

La verdad es que, por el momento, no puedo opinar mucho acerca de las obras ganadoras año tras año, básicamente porque no las suelo leer. No por nada en concreto, no tengo nada en contra de ellas, pero es lo que tiene ser lectora empedernida: que llega un momento en que te fías más de lo que dice tu instinto que de lo que dicen los galardones. De todos modos, estos libros siempre se convierten en unos superventas, por lo que no dejan de ser un regalo ideal para estas fechas.

Por mi parte, he de decir que estoy en proceso de terminar de leer El grito de la tierra. Por el momento me está enganchando igual que lo hicieron los dos títulos anteriores de la trilogía. Para la semana, contaré qué tal ha estado el broche final de esta aventura neozelandesa con tintes femeninos. 🙂

Viviendo a ciegas

Imaginemos cualquiera de nosotros cómo es nuestra vida: tranquila o apurada,  fácil o complicada; sea como sea, al despertarnos sabemos quiénes somos y a qué nos tendremos que enfrentar durante las próximas 24 horas, qué comimos ayer o quién es la persona que duerme a nuestro lado.

Y ahora imaginemos cómo sería no recordar absolutamente nada cada vez que te quedas dormido: cada mañana despertarte no sabiendo dónde estás, quién duerme a tu lado ni cómo has llegado ahí. Cada día aprendiendo las mismas cosas, cada día adaptándote a la situación sabiendo que el día siguiente será igual, porque en el momento en que cierras los ojos y te dispones a dormir, los recuerdos vuelan de tu consciente hacia un lugar recóndito donde no los puedes encontrar.

Portada de “No confíes en nadie”

Bajo esta premisa tan interesante como agobiante empecé a leer No confíes en nadie. La verdad es que lo de este libro fue una ganga: a pesar de ser un superventas hace un par de años, me lo encontré regaladísimo (a un precio ridículo de tres euros) en una estantería del Carrefour que hay al lado de mi casa. No tenía pensado comprarme nada, pero con ese precio, cualquiera se resiste. Y qué bien hice en aprovechar esa oportunidad, porque la historia no tiene desperdicio.

Christine Lucas es una mujer de 47 años que cada día se despierta al lado de su marido Ben completamente desconcertada. Todas las mañanas Ben le tiene que explicar que, veinte años atrás, debido a un brutal accidente, sufre una extraña amnesia que la hace olvidar cada noche al dormirse todo lo recordado el día anterior. Todos los días debe explicarle quién es ella, quién es él, dónde viven y ganarse su confianza y su amor. No obstante, ella comienza a ver al doctor Nash, quien le recomienda que cada día antes de irse a dormir, escriba en un diario los acontecimientos que hayan tenido lugar y los recuerdos que le vayan surgiendo. Así, todas las mañanas, cuando ella ya no se acuerda del diario, él la llama y le recuerda donde lo tiene escondido.

Al ir leyendo su diario día tras dia e ir conociendo su vida, Christine se da cuenta de que vive completamente rodeada de mentiras. ¿La engaña Ben? ¿Su médico quizás? ¿Se está volviendo loca? ¿Qué haces cuando no conoces a quienes te rodean y no sabes si te puedes fiar de alguien? Christine va cayendo en un estado paranoico y el lector se encontrará agobiado, desconfiando de cualquier sombra y deseando llegar al final; un final que a mí, a pesar de que en mi cabeza ya se habían dado todas las opciones posibles, consiguió sorprenderme.

¿Y si lo olvidaras todo cada noche al acostarte?

Y después de semejante rollazo, he de decir que me encuentro dispuesta a comenzar El grito de la tierra, la última entrega de la trilogía neozelandesa de Sarah Lark. ¡Espero que esté a la altura de los anteriores! A ver si para la semana ya puedo contar qué tal está.

Viviendo con nuestros errores

¡Cómo me gusta ser una consentida! Corría el pasado 20 de octubre con total normalidad salvo por una excepción: ¡era Santa Laura! (Ni yo misma me acordaba, pero bueno). Tengo que decir que mi hermana tuvo un detalle bastante bonito conmigo al no olvidarse y meter debajo de mi cojín un pequeño regalito, que vi en cuanto deshice la cama por la noche. En el paquetito venía envuelto el libro Vergüenza, de Karin Alvtegen. Su sinopsis me llamó tanto la atención que empecé a leerlo en cuanto tuve oportunidad, o sea, nada más terminar La Biblia bastarda.

Portada de “Vergüenza”, de Karin Alvtegen

El libro en cuestión cuenta con dos protagonitas; Monika, doctora de éxito y una jefa ejemplar. La vida debería sonreirle: gana un buen sueldo, vive en una zona de lujo y nunca faltan hombres en su vida. Pero la culpa por un suceso pasado la reconcome, no es capaz de pasar página y por ello se va resintiendo todo su entorno.

Por otro lado está Maj-Britt. Obesa y desquiciante, encuentra en la comida su único consuelo para una vida gris y monótona, marcada por una infancia “peculiar” de la que tampoco se da recuperado. Su mal carácter crónico aleja a todo el mundo que intenta acercarse a ella.

Pero un día tiene lugar un accidente de tráfico, que en principio no debería de afectarlas a ninguna de las dos. Lo que ellas no saben es que sus mundos se volverán patas arriba y por fin se verán obligadas a enfrentarse a sus más profundos miedos y vergüenzas. Las consecuencias pueden ser brutales para ambas.

Tengo que reconocer que su lectura me impresionó bastante, y para bien. Me gusta ahondar en la psicología de los personajes, en sus motivos, en las razones de sus errores; y estas dos chicas fueron dos diamantes en bruto a la hora de analizarlas. Hasta desearía que el libro hubiera sido un poco más largo para poder disfrutarlo durante más tiempo, pero la parte positiva es que la acción no ha tenido tiempo de decaer en ningún momento, con capítulos breves pero intensos en los que se iban alternando las vidas de las dos protagonistas.

Muy recomendable.