Carrie, la venganza “casi” perfecta

No se puede negar que soy fan de Stephen King. Lo soy, y de ello dan fe los múltiples libros escritos por él que he disfrutado. Pero aún no le había tocado el turno a Carrie. ¿Por qué? Pues no lo sé. Me llamaron más la atención otros títulos que fui comprando, hasta que ya finalmente hasta a mí me daba un poco de vergüenza proclamarme su fan y no haber leído su primera obra (y una de las más conocidas, además).

Portada de “Carrie”, de Stephen King

Así que en cuanto se me presentó la oportunidad (la oportunidad fue un cheque regalo de El Corte Inglés por valor de 50 euros donado por la empresa TNS por realizar varias de sus múltiples encuestas) fui derechita a por un lote de libros, donde se encontraba ¡por fin! la opera prima del americano.

Y lo cierto es que me sorprendió bastante. Primero: no me esperaba que fuera tan cortito. A ver, no tenía que ser un tocho del estilo de La tienda o 22/11/63, pero su reducido tamaño me dejó pillada. Una vez dentro, también me sorprendió su estilo narrativo. A pesar de ser el primero de muchos libros, se nota el estilo de King debajo de cada línea, pero en esta ocasión va entremezclando narración al uso con recortes de periódicos, entrevistas, etc. Un acierto. Sólo de esta manera se podría lograr contar los terribles sucesos desde todos los puntos de vista implicados.

Y es que los sucesos son de traca. En un pequeño pueblo, una adolescente llamada Carrie vive con su madre, una fanática religiosa difícil de soportar. Víctima del bullying y de las burlas de sus compañeros, su vida es desgraciada. Hasta que una joven de su clase se arrepiente de sus actos y le pide a su novio, Tommy, que vaya con Carrie al baile de graduación en vez de ir con ella, como sería lo normal. Pero no a todo el mundo parece gustarle esta opción, por lo que la última broma, y la más terrible de todas, se va mascando en la mente de un grupo de jóvenes. Con lo que no contarán es con la ira de Carrie quien, humillada por última vez, se encargará de que nadie olvide ni su nombre ni su historia.

Adaptaciones en el cine de esta conocida historia hay de sobra. Yo he visto la versión del año pasado, con Chloë Grace Moretz en el papel de Carrie y la oscarizada Julianne Moore en el de madre sufridora. La película se ciñe con bastante corrección al libro, por lo que si, como en mi caso, habéis disfrutado con su lectura, podéis darle una oportunidad a la peli. A mí se me hizo entretenida.

Y si tenéis curiosidad, podéis encontrar mis otras críticas a libros de Stephen King aquí y aquí. ¡Hasta la semana que viene!

Bajo el cielo de Dublín

¡Muy buenas tardes! ¡Por fin encuentro un poco de tiempo para actualizar este espacio! La verdad es que las pasadas semanas fueron un poco complicadas y ni tuve tiempo de escribir ni de leer demasiado. Aun así, Bajo el cielo de Dublín y Carrie han pasado de estar en mi lista de libros pendientes a estar en la de leídos. No son demasiado largos pero ¡algo es algo! 🙂

Hoy toca hablar del primero.

“Bajo el cielo de Dublín”, de Maeve Binchy

Con Bajo el cielo de Dublín volví a reencontrarme con la irlandesa Maeve Binchy. Mis anteriores títulos con esta autora fueron El lago de cristal, La pluma escarlata, Círculo de amigos, Los bosques de Whitethorn y Desde el corazón. Vamos, un abanico de libros con un elemento en común: para mí todos resultaron tremendamente recomendables. Al igual que éste último.

Aquí nos encontraremos con Noel, un joven solitario, con una vida monótona y gris y con un incipiente problema de alcoholismo que no quiere reconocer. Vive con sus padres y es hijo único, y sus días transcurren de forma repetitiva, sin grandes alicientes. Pero todo eso va a cambiar pronto, aunque él no lo sepa.

Todo comienza con la llegada de su prima Emily de la lejana ciudad de Nueva York. En ella encontrará a su gran aliada que le invitará a dejar el alcohol y a hacerse cargo de la hija que espera con un antiguo ligue. El problema es que la madre de la niña está muy enferma y no espera sobrevivir al parto, por lo que Noel se encuentra, dicho vulgarmente, con un marrón curioso. ¿Será capaz de demostrarle a la insulsa señorita de los servicios sociales que puede ser un buen padre para Frankie?

Una de las cosas que más me ha gustado de este libro, y han sido muchas, es volver al pueblo de St. Jarlath’s Crescent, donde también sucedió la acción de otros títulos como Desde el corazón o La pluma escarlata, aunque con protagonistas diferentes. No obstante, los antiguos personajes siguen apareciendo en las otras novelas como telón de fondo, con más o menos relevancia. Ha sido como volver a casa. A ver si logro encontrar otros títulos de esta autora cuyos acontecimientos sucedan en el mismo lugar.

Y después de esta maravillosa novela familiar, le ha tocado el turno a algo más truculento: Carrie, de Stephen King, pero casi que mejor dejamos esa historia para otro día.

 

¿Cambios u oportunidades?

¿Son buenos todos los cambios? ¿Siempre que se cierra una puerta se abre una ventana? ¿Y si yo hubiera…? Tantas preguntas sin respuesta, tantos ¿y si…? Pues precisamente de esto trata el libro de hoy, es un ¿y si…? inmenso, en mayúsculas. Qué pasaría si las cosas sucedieran de forma distinta, si nuestras decisiones no nos hubieran llevado por donde finalmente lo hicieron, es algo para lo que no hay respuesta, y con lo que tenemos que aprender a convivir y aceptar.

“Cuando todo cambió”, Donna Milner

Se trata de Cuando todo cambió, de Donna Milner. Con este libro me pasó lo que ya me había sucedido con anterioridad en otras ocasiones (tampoco tantas): a pesar de lo desconocidos que me sonaban tanto el título como la escritora, enseguida me enganchó y logró que disfrutara mogollón de todas y cada una de sus páginas.

Al introducirnos en su argumento, conoceremos la vida de Nathalie Ward. Ahora que ya es una mujer en edad madura, recibe la noticia de que su madre se encuentra terminal por lo que tiene que dejar sus temores y aprensiones atrás y regresar al pueblo de su infancia. Para ella requiere un esfuerzo y sacrificio increíble dejar atrás los motivos que la llevaron a tal situación, motivos que conoceremos durante el viaje de 14 horas en autobús que tiene por delante y en el que aprovecha para recordar.

Imagen de Donna Milner

El libro entra entonces en flashback y nos traslada a su infancia. Nathalie es la menor de cuatro hermanos, tres hombres y luego ella. Los cuatro viven con sus padres en una granja en un pequeño poblado canadiense y tienen una lechería. Todo precioso. Tan precioso que logró meterme de lleno en medio de esa pequeña familia, yo ya era un pariente más. Pero todo se tuerce cuando Jake, el ayudante, decide irse y en su lugar contratan a un joven norteamericano, River, que acaba de mudarse a Canadá para evitar ir a combatir a la guerra de Vietnam.

Y todo se viene abajo. Una serie de catastróficas decisiones y acontecimientos fortuitos harán que las vidas de esta adorable familia queden desacompasadas. Me dio tanta pena ver cómo se torcían sus caminos (como si fuera un miembro más de su familia) que, al mismo tiempo que Nathalie, mientras leía la novela no hacía más que preguntarme: ¿y si esa noche de tormenta no hubieras ido a dónde fuiste? ¿Y si la comunicación con tu hermano hubiera sido mayor? ¿Y si no hubieras confiado en ELLA como lo hiciste? Desde luego estaríamos ante una historia completamente distinta. Menos mal que tenemos un futuro para arreglar el pasado.

Para mí, tremendamente recomendable. Lectura fácil, que engancha y que, en mi caso, me involucró completamente con todos sus personajes.

¡Se nota! ¡Se siente! …

Portada de “El umbral de la eternidad”

Lo cierto es que tengo un pequeño bagaje de libros detrás de mí sobre los que quiero hablar ya que recién acabo de terminarlos. Se trata de Cuando todo cambió y Expediente 64. Justo terminé de leerlos la semana pasada pero tendrán que esperar un poquito más para ser analizados ya que estos días hubo una súper primicia que imagino que muchos estábamos deseando que llegara. Se trata, como no podía ser de otra forma, de la publicación de la ansiada tercera parte de la trilogía de The Century, El umbral de la eternidad, por Ken Follett.

¿Qué decir del galés que no se sepa ya? Pues que a mí me tiene completamente conquistada, igual que a otros tantos millones de lectores alrededor de todo el mundo. Tiene un montón de libros en su haber pero lo cierto es que yo sólo me he leído cuatro hasta el momento, los más conocidos quizás: Los pilares de la tierra (magnífico, inconmensurable, para mí de diez), su continuación con Un mundo sin fin (muy bueno también pero pierde en comparación con su predecesora) y las dos primeras entregas de The Century, o sea, La caída de los gigantes y El invierno del mundo.

Los cuatro libros son obras de envergadura, de mil páginas de media. Los dos primeros están ambientados en la Edad Media, en el ficticio pueblo de Kingsbridge, mientras que los dos siguientes recrean con pelos y señales los acontecimientos ocurridos durante la primera y la segunda Guerra Mundial. Aun a pesar de su longitud son tan amenos de leer, aprendes tanto con ellos y son tan entretenidos que se me pasan en un suspiro. Les tengo un cariño enorme a esos cuatro títulos. Hasta soy incapaz de ver una foto de Follett y no sentir cariño por el genial escritor.

Imagen del galés Ken Follet, uno de los escritores contemporáneos más prolíficos e importantes

Por el momento, me queda pendiente leer la tercera entrega de The Century pero me imagino que esperaré un poco. Básicamente a que salga la edición de bolsillo ya que hoy me he pasado por El Corte Inglés de mi ciudad y pude ver el pedazo bicho que es el nuevo tomo. Lamento decir que no hay suficiente espacio para él en mi estantería ya llena de otros libros. Pero resulta agradabilísimo pasear por los escaparates y tiendas y verlo en primera plana. Hacía tiempo que el lanzamiento de un libro no era un acontecimiento de tal calibre, y siempre gusta ver que el sector literario sigue en forma.

Está claro que en este momento no puedo decir de Ken Follett nada que no haya dicho con anterioridad al leer sus novelas. Puedes encontrar los otros artículos aquí, aquí y aquí.

PD: Por cierto que mi visita a la librería de El Corte no fue infructuosa. Conmigo se han venido Carrie, de Stephen King (por fin, no fue sin tiempo), Bajo el cielo de Dublín, de Maeve Binchy (ya he empezado a leerlo) y El grito de la tierra (la tercera parte de la preciosísima trilogía neozelandesa de Sarah Lark). Pero eso… eso ya es otra historia. 🙂

El momento en que me convertí en mayor

Portada de uno de los libros de Los Cinco

Todos los niños recuerdan su infancia. La mía, que fue preciosa, la recuerdo completamente rodeada de libros de Enid Blyton. No quería leer otra cosa que no fueran Los Cinco, Las mellizas O’Sullivan, El árbol lejano, etc. Y no es que los leyera una vez y vía; es que si cuento las veces que leí cada libro de los 21 que forman la colección de Los Cinco, creo que me salen más de 15 veces cada tomo.

Pero llegó un momento, no recuerdo exactamente qué fue lo que lo propició, en que empecé a pasarme con más frecuencia por la biblioteca del salón, ese gran lugar en el que guardamos la mayoría de los libros en mi casa. Recuerdo quedarme allí sentadita, cogiendo libros al azar y leyendo las sinopsis de la contraportada. La mayoría ni las entendía ni, por el momento, me interesaban demasiado. Hasta que llegué a la colección Las 100 mejores novelas del siglo XX en castellano, editada por el diario El mundo, y que en mi casa completamos. Uno de sus primeros títulos me llamó la atención, quizá porque parecía más un título para un cuento infantil que para un libro serio. La casa de los espíritus, de Isabel Allende.

Edición de “La casa de los espíritus” publicada por el diario El Mundo

Allá que lo cogí y empecé con su lectura. Yo tendría, no sé, ¿quizá 13 años? No recuerdo. Lo leí entero y me gustó bastante a pesar de que hubo algunas partes que, de aquella, no logré comprender bien y se me hicieron un poco cuesta arriba. Pero lo acabé y recuerdo que ése fue el título que me metió el gusanillo por empezar a leer otro tipo de literatura. Por eso quizá le tengo tanto cariño.

Años más tarde, con la sabiduría que da la experiencia y con una caterva de libros leídos a mi espalda, volví a cogerlo y a sumergirme en sus bastantes páginas. Esa lectura fue más completa y satisfactoria, supongo que porque ya tenía una edad más adecuada.

Hasta el momento es el único que he leído de la escritora chilena, pero no descarto leer más si se da la ocasión. Mientras tanto, sigo absorta en la amable y relajada lectura de Cuando todo cambió, de Donna Milner. Me venía bien un tipo de lectura así después del esfuerzo realizado con Yo confieso.

Veredicto de La casa de los espíritus: recomendable. Es un clásico. Si tenéis ocasión, no os lo perdáis.